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Los etólogos estudian el comportamiento preferentemente en estado natural, salvaje; y ven la mente y el cerebro no como simples piezas de una compleja maquinaria que existen porque si, sino como órganos para la supervivencia, adaptados a través de una larga historia de selección natural para satisfacer las necesidades concretas de animales concretos en su propio entorno. — Nicholas Humprey La mirada interior, 1986, pág. 10
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Comentarios de Daniel DennettCuando los científicos deciden “zanjar” las arduas cuestiones de ética y significado, por ejemplo, lo único que normalmente consiguen es hacer el ridículo; y se debe a una sencilla razón: son inteligentes, pero ignorantes. El motivo por el que los filósofos dedican tanto tiempo y energía a examinar minuciosamente la historia de su campo es que buena parte de la filosofía está constituida por errores muy seductores, y la única manera de no cometerlos una y otra vez es estudiando cómo los grandes pensadores del pasado se dejaron engañar por ellos. A los científicos que creen que el estar al día en sus conocimientos de la ciencia los hace inmunes a las ilusiones que arrastraron a Aristóteles, Hume, Kant y otros a tales problemas, les espera un brusco y desagradable despertar.
— John Brockman, ed. El nuevo humanismo. Y las fronteras de la ciencia. 2003, pag. 476
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En estos últimos años, el terreno de juego de la vida intelectual americana ha experimentado un cambio, y el intelectual tradicional va quedando cada vez mas relegado. Una educación al estilo de los años cincuenta, basada en Freud, Marx y el modernismo, no es base cultural suficiente para el ser pensante de hoy en día. Es mas, los intelectuales americanos tradicionales son, en cierto sentido, cada vez más reaccionarios, y con frecuencia se jactan (contra toda lógica) de su ignorancia sobre infinidad de logros intelectuales verdaderamente significativos de nuestro tiempo. Debido a su desprecio por la ciencia, su cultura carece a menudo de todo empirismo: utiliza su propia jerga; en el aislamiento se ocupa de sus propios asuntos internos, y su característica fundamental son sus comentarios de comentarios, que van girando en una espiral interminable hasta perder de vista el mundo real.
— John Brockman El nacimiento de la tercera cultura, 1991
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Universos en evolución por Seth lloydTodo sistema físico, por el mero hecho de existir, puede registrar información. Y todo sistema físico, por el mero hecho de evolucionar según la dinámica que le es propia, puede procesar esa información.
— John Brockman, ed. El nuevo humanismo. Y las fronteras de la ciencia. 2003, pag. 335
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Interpretación biológica de la naturaleza humana por Steven PinkerEl hecho asombroso es que los dos grandes genocidios del siglo XX que tuvieron una base ideológica se fundamentaron en teorías sobre la naturaleza humana diametralmente opuestas. Los marxistas no tenían nada a lo que aplicar el concepto de raza, no creían en los genes, y negaban que la teoría de la selección natural de Darwin fuera el mecanismo de adaptación evolutiva. No es el enfoque biológico de la naturaleza lo singularmente siniestro. El nazismo y el totalitarismo marxista deben de tener un hilo común que trasciende la creencia en el papel relevante de la evolución o de la genética. Un hilo común a ambos fue el deseo de rehacer la humanidad. En el caso del marxismo, a través de la ingeniería social; en el nazismo a través de la eugenesia. Ni el uno ni el otro estaban satisfechos con los seres humanos tales cuales eran, con todas sus imperfecciones y debilidades. En lugar de construir un orden social en torno a las cualidades humanas consistentes, pensaron que podían reingeniar las características humanas valiéndose de principios científicos, como los llamaron ellos, y que eran en realidad pseudocientíficos.
— John Brockman, ed. El nuevo humanismo. Y las fronteras de la ciencia. 2003, pag. 87
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En teoría, no hay diferencia entre la teoría y la práctica. Pero en la práctica, si que la hay.
— Jan L. A. van de Snepscheut
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La verdad sobre la naturaleza humana por Helena CroninDesde luego que cuando la teoría de la evolución se aplica a nuestra especie provoca siempre oposición; pero cuando se habla de las diferencias entre los sexos… entonces la hostilidad y las tergiversaciones son ya un asunto muy serio. Todo ello nace de haber entremezclado la ciencia y la política. La gente parece pensar que, si a uno no le gustan las implicaciones ideológicas que cree ver en un postulado científico, es libre de rechazar la ciencia y sustituirla por su propia versión improvisada. Ya se que suena ridículo. La ciencia no tiene implicaciones ideológicas; simplemente nos cuenta cómo es el mundo, no como debería ser. Luego, si es una justificación, un juicio moral o cualquier afirmación en tono de autoridad lo que surge como conclusión de unas premisas puramente científicas, lo que uno ha de hacer, obviamente, es desafiar la lógica del razonamiento, no rechazar las premisas. Por desgracia, la gente se indigna hasta tal punto con la conclusión que acaba rechazando la ciencia y no la falacia.
— John Brockman, ed. El nuevo humanismo. Y las fronteras de la ciencia. 2003, pag. 90
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Pero sin el reconocimiento de otros pensamientos con los que confrontar los nuestros, ni siquiera registraríamos nuestro propio estado mental como algo sobre lo que pensar. Podría ser que la conciencia de nosotros mismos solo nazca de nuestra inclinación natural a proyectar en las mentes de otros. Pero una mente incapaz de imaginar los contenidos de otras mentes no echaría de menos esa autorreflexión.
— Steven Johnson Sistemas emergentes. O qué tienen en común las hormigas, neuronas, ciudades y software, 2001, p. 179
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La evolución del cerebro y la inteligencia, por Fernando Rodríguez, Cristina Broglio y Cosme Salas Es mas, algunas ideas tradicionales predarwinianas aún subyacen como punto central en muchos análisis procedentes de las neurociencias, la psicología, la antropología o la lingüística. Probablemente, la tradicional incapacidad de estas disciplinas para capturar el significado de los datos procedentes de la investigación comparada e incorporarlos al estudio de la evolución del cerebro y de la conducta se debe en gran medida a la influencia no reconocida que sobre estas disciplinas han ejercido y ejercen aun hoy en día, algunas nociones anacrónicas sobre la evolución, la naturaleza de los procesos mentales y el lugar que ocupa el ser humano en una supuesta “escala natural” de la inteligencia y la cognición. Entre estas destacan especialmente la pervivencia de la idea aristotélica de Scala naturae, las concepciones estrechas y rígidas de “gradualismo” y de “continuidad evolutiva” y la noción de anagénesis o de “progreso evolutivo”.
— Julio Sanjuán y Camilo José Cela Conde, eds. La profecía de Darwin. Del origen de la mente a la Psicopatología. 2005, p. 38
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Las objeciones de un reduccionista descarado, por Stephen Hawking Para empezar, debería decir que soy un reduccionista descarado. Creo que las leyes de la biología pueden reducirse a las de la química -ya hemos visto cómo sucede esto con el descubrimiento de la estructura del ADN-; y pienso, además, que las leyes de la química pueden reducirse a las de la física. Confío en que la mayoría de los químicos estarán de acuerdo con esto. Roger Penrose y yo trabajamos juntos en la estructura a gran escala del espacio y del tiempo, incluyendo singularidades y agujeros negros. Coincidimos bastante en la teoría clásica de la relatividad general pero los desacuerdos empezaron a surgir cuando entramos en la gravedad cuántica. Ahora tenemos enfoques muy diferentes con respecto al mundo, físico y mental. Básicamente, él es un platónico que cree que existe un único mundo de ideas que describe una única realidad física. Yo, por el contrario, soy un positivista que cree que las teorías físicas son simplemente modelos matemáticos que nosotros construimos, y que es absurdo preguntarse si se corresponden con la realidad; sólo hay que cuestionarse si predicen o no observaciones. — Roger Penrose Lo grande, lo pequeño y la mente humana, 1997, p 133
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