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Los autores de No está en los genes son, respectivamente, un genetista evolucionista, un neurobiólogo y un psicólogo. A lo largo del último quincenio, hemos asistido con inquietud al auge de los ensayos deterministas biológicos, en los que sus defensores exponían sus grandiosas pretensiones de ser capaces de localizar las causas de las desigualdades de estatus, riqueza y poder entre clases, géneros y razas en la sociedad occidental a partir de una teoría reduccionista de la naturaleza humana. Cada uno de nosotros ha dedicado mucho de su tiempo a investigar, escribir, hablar, enseñar y desarrollar unas actividades políticas públicas en las que nos hemos opuesto a las vías de opresión utilizadas por la misma ideología determinista. Compartimos el compromiso de elaborar en el futuro una sociedad -socialista- más justa. Y reconocemos que una ciencia objetiva se integra plenamente en la lucha por crear esa sociedad, así como también creemos que la función social de la mayor parte de la ciencia actual es evitar la creación de esa sociedad mediante la preservación de los intereses dominantes, tanto en clase, como en género y raza.
— R. C. Lewontin, S. Rose y L. J. Kamin
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En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven.
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La nueva ideología del capitalismo privilegia el cambio sobre la continuidad, la movilidad sobre la estabilidad, la tensión sobre el equilibrio y propone un nuevo paradigma organizativo: la empresa sin frontera, descentralizada y nómada, liberada de las leyes y los empleos, ligera, ágil, furtiva, que no reconoce otra ley que el relato que se da, otra realidad que las ficciones que prodiga por el mundo.
Storytelling: la máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Pág. 111
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Entonces, visto todo esto, ¿qué correspondencia se puede establecer entre la bioquímica y la fisiología por un lado, y las taxonomías psicológicas por otro? nadie los sabe.
La triste realidad es que no todos hablamos el mismo idioma, ni siquiera dentro de las neurociencias, y aún no podemos salvar la brecha entre los múltiples niveles de análisis y de explicación, entre los distintos discursos de los psicólogos y los neurofisiólogos.
Tu cerebro mañana. Cómo será la mente del futuro. Pág. 253
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Tversky y Kahneman concluyen, «lo mas probable es que un castigo vaya seguido de una mejora de comportamiento y que una recompensa vaya seguida de empeoramiento. En consecuencia, la condición humana es tal que... muy a menudo uno es recompensado por castigar a otros y castigado por haberles recompensado». Yo espero que no se deba necesariamente a la condición humana, sino a un anumerismo remediable, que produce esta desdichada tendencia.
El hombre anumérico, pág. 132
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Los problemas de la influencia o la efectividad radican en la medida en que el significado transmitido al receptor da lugar, por su parte, a la conducta que nosotros deseamos de él. A primera vista, quizá parezca muy limitado el pretender que el único propósito de la comunicación consiste en influir sobre la conducta del receptor; pero si adoptamos una definición de conducta razonablemente amplia, veremos claramente que la comunicación, o bien afecta a la conducta, o bien carece de todo efecto comprobable o discernible.
Las matemáticas de la comunicación, 1968
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De repente a la gente le lavaron el cerebro para que creyeran en el Estado-nación como una entidad. Hay que destacar con qué rapidez y eficacia se puede construir una nacionalidad con una bandera, unos cuantos discursos y un himno nacional.
El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable. Pág. 45
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Pero la propagación, tanto en profundidad como en amplitud, de las múltiples ramas del conocimiento humano durante los últimos cien años nos ha enfrentado con un singular dilema. Por un lado, sentimos con claridad que sólo ahora estamos empezando a adquirir material de confianza para lograr soldar en un todo indiviso la suma de los conocimientos actuales. Pero, por otro lado, se ha hecho poco menos que imposible para un solo cerebro dominar completamente más que una pequeña parte especializada del mismo.
Yo no veo otra escapatoria frente a este dilema (si queremos que nuestro verdadero objetivo no se pierda para siempre) que la de proponer que algunos de nosotros se aventuren a emprender una tarea sintetizadora de hechos y teorías, aunque a veces tengan de ellos un conocimiento incompleto e indirecto, y aun a riesgo de engañarnos a nosotros mismos.
Sea esta mi justificación.
¿Qué es la vida? 1944. Pág 13.
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Buscar un significado en la historia es como buscar formas reconocibles en las nubes. Nietzsche lo sabía, pero no podía aceptarlo. Se vio atrapado en el círculo delimitado por las esperanzas cristianas. Creyente hasta el final, nunca abandonó la fe absurda en la posibilidad de darle un sentido al animal humano. Así que se inventó la ridícula figura del superhombre para conferir a la historia un sentido del que carecía. Esperaba que, a partir de ahí, la humanidad despertara de su largo sopor. Como era de prever, solo consiguió añadir nuevas pesadillas a ese confuso sueño.
Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales, 2002. Pág 49.
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Si el lector quiere entender a qué me refiero cuando hablo de la arbitrariedad de las categorías, considere la situación de la política polarizada. La próxima vez que un marciano visite la tierra, intente el lector explicarle por qué quienes están a favor del aborto también se oponen a la pena de muerte. O intente explicarle por qué se supone que quienes aceptan el aborto están a favor de los impuestos elevados pero en contra de un ejército fuerte. ¿Por qué quienes prefieren la libertad sexual tienen que estar en contra de la libertad económica individual?
El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable. Pág. 58
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