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Pero sin el reconocimiento de otros pensamientos con los que confrontar los nuestros, ni siquiera registraríamos nuestro propio estado mental como algo sobre lo que pensar. Podría ser que la conciencia de nosotros mismos solo nazca de nuestra inclinación natural a proyectar en las mentes de otros. Pero una mente incapaz de imaginar los contenidos de otras mentes no echaría de menos esa autorreflexión.
— Steven Johnson Sistemas emergentes. O qué tienen en común las hormigas, neuronas, ciudades y software, 2001, p. 179
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La evolución del cerebro y la inteligencia, por Fernando Rodríguez, Cristina Broglio y Cosme Salas Es mas, algunas ideas tradicionales predarwinianas aún subyacen como punto central en muchos análisis procedentes de las neurociencias, la psicología, la antropología o la lingüística. Probablemente, la tradicional incapacidad de estas disciplinas para capturar el significado de los datos procedentes de la investigación comparada e incorporarlos al estudio de la evolución del cerebro y de la conducta se debe en gran medida a la influencia no reconocida que sobre estas disciplinas han ejercido y ejercen aun hoy en día, algunas nociones anacrónicas sobre la evolución, la naturaleza de los procesos mentales y el lugar que ocupa el ser humano en una supuesta “escala natural” de la inteligencia y la cognición. Entre estas destacan especialmente la pervivencia de la idea aristotélica de Scala naturae, las concepciones estrechas y rígidas de “gradualismo” y de “continuidad evolutiva” y la noción de anagénesis o de “progreso evolutivo”.
— Julio Sanjuán y Camilo José Cela Conde, eds. La profecía de Darwin. Del origen de la mente a la Psicopatología. 2005, p. 38
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Las objeciones de un reduccionista descarado, por Stephen Hawking Para empezar, debería decir que soy un reduccionista descarado. Creo que las leyes de la biología pueden reducirse a las de la química -ya hemos visto cómo sucede esto con el descubrimiento de la estructura del ADN-; y pienso, además, que las leyes de la química pueden reducirse a las de la física. Confío en que la mayoría de los químicos estarán de acuerdo con esto. Roger Penrose y yo trabajamos juntos en la estructura a gran escala del espacio y del tiempo, incluyendo singularidades y agujeros negros. Coincidimos bastante en la teoría clásica de la relatividad general pero los desacuerdos empezaron a surgir cuando entramos en la gravedad cuántica. Ahora tenemos enfoques muy diferentes con respecto al mundo, físico y mental. Básicamente, él es un platónico que cree que existe un único mundo de ideas que describe una única realidad física. Yo, por el contrario, soy un positivista que cree que las teorías físicas son simplemente modelos matemáticos que nosotros construimos, y que es absurdo preguntarse si se corresponden con la realidad; sólo hay que cuestionarse si predicen o no observaciones. — Roger Penrose Lo grande, lo pequeño y la mente humana, 1997, p 133
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Los pueblos del pasado no eran ni malos gestores ignorantes que merecieran ser exterminados o desposeídos, ni concienzudos ecologistas bien informados que resolvieran problemas que no sabemos resolver en la actualidad. Eran gentes como nosotros, que se enfrentaban a problemas en líneas generales similares a los que nos enfrentamos nosotros hoy día. Tuvieron tendencia a triunfar o a fracasar en función de circunstancias similares a las que nos hacen triunfar o fracasar a nosotros en la actualidad. Si, hay diferencias entre la situación a las que nos enfrentamos hoy en día y la que afrontaron los pueblos del pasado; pero, no obstante, sigue habiendo las suficientes semejanzas como para que podamos aprender del pasado.
— Jared Diamond Colapso, 2005, p. 32
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Los posmodernos nos dicen que la naturaleza no existe: solo el mundo flotante de nuestras propias construcciones. Toda mención de la naturaleza humana es tachada de dogmática y reaccionaria. Dejemos esos falsos absolutos a un lado, dicen los posmodernos, y aceptamos que el mundo es aquello que nosotros interpretamos que es. Los posmodernos hacen gala de que su relativismo es una categoría superior de humildad: la aceptación modesta de que no podemos asegurar que estemos en posesión de la verdad. Pero, en realidad, la negativa posmoderna de la verdad es la peor arrogancia posible. Al negar que el mundo natural exista independientemente de nuestras creencias sobre el mismo, los posmodernos rechazan implícitamente todo limite a las ambiciones humanas. Al convertir las creencias humanas en el árbitro final de la realidad, afirman de hecho que nada existe si no aparece en la conciencia humana. La idea de que la verdad no existe puede estar muy de moda, pero tiene muy poco de novedosa. Hace dos mil quinientos años, Protágoras, el primero de los sofistas griegos, declaró que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Se refería a los individuos humanos, no a la especie, pero la implicación es la misma. Los seres humanos deciden que es real y que no lo es. El posmodernismo no es más que la ultima moda en antropocentrismo. — John Gray Perros de paja, 2002, p 54.
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La medida de la salud mental es la flexibilidad (no la comparación con alguna "norma"), la libertad para aprender de la experiencia, de ser influido por argumentos razonables, y la atención a las emociones, y especialmente la libertad de contenerse cuando se está saciado. La esencia de la enfermedad es la congelación de la conducta en pautas inalterables e insaciables. — Lawrence S. Kubie
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Y no importaba qué escala se aplicara (ya fuera un minuto, una hora o un día), la proporción entre períodos libres de errores y períodos llenos de yerros permanecía constante.
Su descripción, aunque abstracta, ofreció a los científicos estrategias prácticas para controlar los errores durante la transmisión. En lugar de intentar aumentar la potencia de la señal para ahogar cada vez una mayor cantidad de ruido, los ingenieros tuvieron que conformarse con la inevitabilidad de éstos y basarse en varios métodos para captarlos y corregirlos. Al mismo tiempo, el trabajo de Mandelbrot convenció a los ingenieros que el ruido no tenia ninguna causa particular que pudiera servir de explicación para su presencia.
— Leslie Alan Horvitz ¡Eureka!, 2002
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Sin embargo, ¿qué llevó a nuestros ancestros a abandonar la caza y la recolección si éste era su estilo de vida y daba buenos resultados? ¿Qué es lo que impulsó a los seres humanos a ponerse en marcha, de nuevo, después de varios millones de años, en el camino de lo que nosotros conocemos por "civilización"? Para ello fue preciso un cambio técnico tan pequeño y de origen tan reciente que la respuesta me sigue sorprendiendo. Fue hace poco menos de 10.000 años cuando una rama de la familia humana inventó la agricultura. En lugar de recolectar plantas salvajes, las sembraron; en lugar de cazar animales salvajes, los domesticaron y los criaron. Y con la agricultura vino el asentamiento, la especialización, el excedente de riqueza, el crecimiento de la población, las ciudades, la política y los reyes.
— Nicholas Humphrey La mirada interior, 1986
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Asimismo, la confianza depositada en las enseñanzas del maestro, incluso aun cuando éstas sean suficientemente valiosas para fundar una escuela, es decir una nueva dirección investigadora, implica el peligro de la formación indoctrinada. El gran genio que descubre un gran principio esclarecedor tiene por experiencia a sobreestimar su campo de aplicación. Así lo han hecho Jacques Loeb, Iván Petrovich Pávlov, Sigmund Freud y otros muchos de los grandes maestros. Cuando a ello se agrega que la teoría sea demasiado plástica y anime poco a la falsificación, entonces esto, combinado con la veneración profesada al maestro, puede hacer de los alumnos, discípulos, y de la escuela, una religión con su propio culto, tal como ha ocurrido en muchas partes con las enseñanzas de Sigmund Freud.
— Konrad Lorenz Los 8 Pecados mortales de la humanidad civilizada, 1973
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Los conceptos básicos de la cibernética son la “realimentación” y la “información”. Los elementos mínimos de un sistema cibernético son un “receptor” que recoja los “estímulos” externos como información; entonces se transmite un mensaje a un “centro” que reacciona ante él de alguna forma y, generalmente, amplía las señales recibidas. A su vez, el centro transmite el mensaje a un “actuador” que, en su momento, reacciona al estímulo con una “respuesta” informativa. Pero esta respuesta es transmitida por un circuito de realimentación al receptor, que percibe la respuesta preliminar y gobierna la subsiguiente actuación del sistema de forma tal que se consigue el resultado apetecido, un “target value” (sollwert). El sistema se regula a sí mismo de esta forma.
— Ludwing von Bertalanffy Robots, hombres y mentes, 1967
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