Creo que este vídeo merece ser difundido y comentado:
Los primeros comentarios que se me ocurren son los siguientes:
Se da un fallo conceptual: no tiene sentido increpar a la deidad porque no existe. Es, para algunos, divertido sostener que dios no existe y que, además, es el demonio. Pero no se combate la incoherencia con ese tipo de gracia que sólo divierte a propios e irrita a extraños. Además, en estos tiempos de flojera mental en que vivimos, como hay que “respetar tooodas las sensibilidades”, no es “políticamente correcto” ofender a las “personas especiales”. Lo que es estúpido, y hay que decirlo claramente, es el insensato y pueril anticatolicismo del que hacen gala algunos políticos en un país con siglos de tradición católica.
Se da un fallo estratégico: no es eficaz atacar frontalmente los principios o las personas, porque provoca su reaccion inmediata y agresiva. Hay que evidenciar las consecuencias de las acciones. Hay que corregir el “por sus obras los conoceréis” con el “por las consecuencias de sus actos”. Del mismo modo que aceptamos que “el fin no justifica los medios” debemos asumir que, si las consecuencias de unos actos son abominables, también deben serlo los principios o personas que los inspiran.
Hay otro fallo, pero de “doblaje”: particularmente me irrita el mal uso de idioma, porque exhibe las miserias cognitivas y comportamentales de personas y colectivos. En este capítulo, la inevitable ósmosis con otros idiomas debería supervisarse con un mínimo de seriedad, no como la Real Academia incorporando “pen drive” al diccionario. Pues bien, en español, “evidencia” es un término moral o de derecho. La traducción del inglés “evidence” en un contexto científico es “prueba”. “Basado en la evidencia” es una muletilla que algunos ignorantes han puesto de moda para darse pisto y que, a base de repertirse, ha calado en habla común.
Esto del cambio climático es una estafa evidente. Y lo del CO2 y el calentamiento global, y la capa de ozono y las bolsas de plástico y las energías renovables (un evidente contradicción). Todo este batiburrillo de estupideces de moda es un engañabobos que sirve a los oscuros intereses económicos de cambiar el dinero de muchos bolsillos a unos pocos, pero selectos. Con el agravante de conseguir que los bobos paganinis se sientan, además, culpables por haber pecado contra algún dogma de la liturgia progresista.
¿El clima cambia? Si, claro. ¿Hay calentamiento global? No está muy claro. ¿El clima seguirá cambiando? Inevitablemente. Ahora bien, ¿Es consecuencia de la actividad humana el cambio climático? Lo dudo. ¿Puede la actividad humana cambiar las tendencias en el cambio climático? Seguro que no. ¿Por qué se empeñan en montar tanta alharaca? Ya lo he dicho, no se contentan con engatusar a los bobos, haciéndoles creer que el problema es culpa suya, y extorsionar y vejar a los no-creyentes. Además, quieren quedar de salvadores del planeta, quieren gozar de una imagen benefactora y prestigiosa. El puro colmo.
Hay muchas fuentes de información para el que quiera ponerse al día, como estas:
Estos presuntos señores que dicen defender una tierra, cuando lo que tienen que defender es al sujeto de la soberanía que representan por delegación, y que lo que persiguen en última instancia es una abyecta mezquindad inconfesable, se están ciscando en todos los españoles sin el menor sonrojo durante el trayecto.
Hay quien dice que no todos los catalanes son así. Es posible, pero no se les oye. Y si es cierto, tienen el deber inexcusable de expresarse para que se les oiga. Por dos motivos: para que sepamos de la naturaleza de la impostura por sus protagonistas y para evitar al resto de los españoles la desagradable necesidad de tener que extraer conclusiones generales.
No esperaba demasiado de políticos y periodistas, especialmente de los catalanes, por eso no me interesa demasiado lo que digan. Tampoco tengo demasiadas esperanzas en la labor de un tribunal cuestionable y cuestionado. Lo único que me interesa saber es ¿qué dicen los catalanes?
Han vuelto a hacerlo. Han sido, evidentemente, los mismos que en otras ocasiones. Sueltan entre 15.000 y 20.000 visones en tres granjas de Abegondo. Sólo caben dos posibilidades: o son unos imbéciles descerebrados, o son unos delincuentes que buscan perjudicar a quien sea sin reparar en las consecuencias. En cualquiera de los dos casos, deberían acabar en la cárcel o cumpliendo servicios para la comunidad. Y quien les conozca y no los denuncie es igualmente responsable, por lo menos de cobardía frente a la estupidez, porque hay que detenerlos, antes de que ocupen altos cargos.
¿Qué motivos pueden alegar los irresponsables mentecatos? Ni siquiera tienen los redaños de hacer públicos sus motivos e intenciones. Como suele suceder, además de estúpidos, cobardes.
El grupo cultural Escoitar.org utilizará esta noche en los jardines de Méndez Núñez, una de las zonas donde los jóvenes de A Coruña practican botellón, un aparato acústico conocido como mosquito, que emite un sonido muy desagradable solo audible para los menores de 30 años y que en otros países se utiliza para disgregar grandes concentraciones de gente. Esta actividad, que se enmarca dentro de la segunda edición del programa municipal de Outonarte, pretende ser un acto de denuncia sobre este tipo de «tecnologías sonoras de control social» que «demonizan y criminalizan a la juventud». El organizador del taller, el antropólogo y artista sonoro Chiu Longina, explicó ayer que el mosquito se utilizará como «una herramienta para generar debate», pero en ningún caso como una fórmula experimental para su posterior implantación en la ciudad o para fomentar su uso.
La nueva ideología del capitalismo privilegia el cambio sobre la continuidad, la movilidad sobre la estabilidad, la tensión sobre el equilibrio y propone un nuevo paradigma organizativo: la empresa sin frontera, descentralizada y nómada, liberada de las leyes y los empleos, ligera, ágil, furtiva, que no reconoce otra ley que el relato que se da, otra realidad que las ficciones que prodiga por el mundo.
— Christian Salmon
Storytelling: la máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Pág. 111
Entonces, visto todo esto, ¿qué correspondencia se puede establecer entre la bioquímica y la fisiología por un lado, y las taxonomías psicológicas por otro? nadie los sabe.
La triste realidad es que no todos hablamos el mismo idioma, ni siquiera dentro de las neurociencias, y aún no podemos salvar la brecha entre los múltiples niveles de análisis y de explicación, entre los distintos discursos de los psicólogos y los neurofisiólogos.
— Steven Rose
Tu cerebro mañana. Cómo será la mente del futuro. Pág. 253
Tversky y Kahneman concluyen, «lo mas probable es que un castigo vaya seguido de una mejora de comportamiento y que una recompensa vaya seguida de empeoramiento. En consecuencia, la condición humana es tal que... muy a menudo uno es recompensado por castigar a otros y castigado por haberles recompensado». Yo espero que no se deba necesariamente a la condición humana, sino a un anumerismo remediable, que produce esta desdichada tendencia.
Los problemas de la influencia o la efectividad radican en la medida en que el significado transmitido al receptor da lugar, por su parte, a la conducta que nosotros deseamos de él. A primera vista, quizá parezca muy limitado el pretender que el único propósito de la comunicación consiste en influir sobre la conducta del receptor; pero si adoptamos una definición de conducta razonablemente amplia, veremos claramente que la comunicación, o bien afecta a la conducta, o bien carece de todo efecto comprobable o discernible.
De repente a la gente le lavaron el cerebro para que creyeran en el Estado-nación como una entidad. Hay que destacar con qué rapidez y eficacia se puede construir una nacionalidad con una bandera, unos cuantos discursos y un himno nacional.
— Nassim Nicholas Taleb
El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable. Pág. 45