Buscar un significado en la historia es como buscar formas reconocibles en las nubes. Nietzsche lo sabía, pero no podía aceptarlo. Se vio atrapado en el círculo delimitado por las esperanzas cristianas. Creyente hasta el final, nunca abandonó la fe absurda en la posibilidad de darle un sentido al animal humano. Así que se inventó la ridícula figura del superhombre para conferir a la historia un sentido del que carecía. Esperaba que, a partir de ahí, la humanidad despertara de su largo sopor. Como era de prever, solo consiguió añadir nuevas pesadillas a ese confuso sueño.
Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales, 2002. Pág 49.
