Edgar Morin: La Identidad Humana

Edgar Morin. La Identidad Humana. El Método V. La humanidad de la humanidad. Círculo de Lectores. Barcelona, 2003. 350 pág.

Reformar el pensamiento

El pensador Edgar Morin ocupa un lugar sin duda único en la his­toria del pensamiento occidental a partir de la Segunda Guerra Mundial. Sociólogo convertido en antropólogo y politólogo, en­sayista desde siempre -no sobre la vida de los demás, sino sobre él mismo-, es viajero, actor, conferenciante, periodista y también historiador (¡y qué historiador!).

Pero nada de eso le define en realidad, pues Edgar Morin es, en primer lugar y sobre todo, un gran pensador, un filósofo de vi­sión profunda, un hombre del siglo xvi europeo, un compañero de Pico della Mirándola, de Vico y de Giordano Bruno. Un hom­bre, en fin, que ha pasado por los peores horrores del siglo xx: to­davía joven, combatió el nazismo; militó en el partido comunis­ta, que abandonó rápidamente tras descubrir los crímenes del estalinismo y la patología de los estalinistas; se afilió a la demo­cracia «burguesa», aunque siempre denunció sus insuficiencias, y se convirtió en uno de los más virulentos críticos del colonialis­mo; comprendió, antes y mejor que nadie, la corriente antiauto­ritaria que comenzó a soplar a principios de los años sesenta en Francia y que iba a provocar la ruptura de mayo del 68, y elaboró una teoría donde mostraba sus límites. Estuvo también entre los primeros que predijeron el fin del marxismo y se dedicó, desde mediados de los setenta, a la concepción de un Método, que se de­sarrollaría hasta hoy en cinco volúmenes y cuya vocación es pro­porcionar a nuestra época una nueva forma de pensar. Al oírle hablar, le imagino respondiendo a Diderot, a Rousseau o a Hegel. Cuando lean este libro, se darán cuenta de que no exagero.

En el fondo, su objetivo sigue siendo el mismo que en los años cuarenta del pasado siglo, cuando inició su acción intelectual: re­formar el pensamiento, para que nuestra mirada y nuestro saber se muestren menos serviles con la unilateralidad, el esquematismo y la causalidad lineal. De Sócrates a Leibniz, de Hegel a Marx, de Sartre a Teilhard de Chardin, de Husserl a Heidegger, siempre se ha hablado de complejidad. Pero nadie había establecido una teoría sobre el tema. Nadie había cogido el toro por los cuernos. Morin lo hace, y el resultado es que se ha convertido en el pensador por excelencia del pensamiento complejo en nuestra compleja socie­dad. La identidad humana, que el lector tiene entre sus manos, vie­ne a ser la cumbre de este trabajo intelectual. Se trata del libro que, sin resumir todos los demás, de algún modo los lleva a su culmi­nación, pues es una reflexión sobre el cosmos y el hombre, el caos y el orden, la identidad y la no identidad, la sociedad y las pulsio­nes asocíales, la civilización y la barbarie, la democracia y el des­potismo, la libertad y la obligación. De hecho, este libro no preci­sa notas a pie de página que expliquen de dónde proceden las referencias de Edgar Morin. En sentido estricto, Morin no tiene re­ferencias, pues transforma todo lo que toca; todo lo digiere y, en el clarividente horizonte de su pensamiento, todo vuelve a ser nuevo. Una combinación de cultura, inteligencia y también gene­rosidad. Y es que Morin, pensador agudo y sensible como nadie a las heridas de identidad, respetuoso hasta el exceso con la singula­ridad de cada cual, es un autor profundamente clemente y miseri­cordioso, en el mismo sentido que los buenos padres de la Iglesia, de la casta de un Bartolomé de las Casas o de un san Vicente de Paúl, que hicieron de la misericordia y de la clemencia los valores centrales en la humanización del hombre. Y basta leer este libro para reconocer el alcance de estas palabras.

Más allá de todo eso, está el hombre de la vida cotidiana que subyace en este libro: el Morin amante de la vida, alegre ante la alegría de los demás, infeliz ante la infelicidad ajena, amante y compasivo; el Morin mediterráneo, cuyo pensamiento es tan bello y caluroso como el sol maravilloso y redentor del Mare Nostrum.

Nicolás Maquiavelo dijo que existen dos tipos de profetas: los que van armados y los que van desarmados. Pero olvidó un ter­cero: los que no necesitan ninguna arma para triunfar. Los que, simplemente, pertenecen a este mundo y creen en la verdad y la justicia. Al leer La identidad humana, uno se dice que tal vez, o in­cluso con toda seguridad, Edgar Morin nos esté guiando tras la es­tela de estos últimos.

Sami Nair (Director de la colección)

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El Sr. Morin es un erudito y debe manejar unos ficheros tan extensos como pulcros. Puedes encontrar en esta obra los datos más insospechados sobre lo que otros dijeron o pensaron sobre el asunto que trata. Es, en resumen, un ladrillo. No hay amenidad, hay pocas ideas propias y ninguna nueva. Si te interesa el concepto de la identidad humana, busca en otra parte y no pierdas el tiempo.

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