es, aún más que el de literatura, uno de los Premios Nobel más discutibles.
El mismo concepto es fácilmente cuestionable: Antiguos premiados como Arafat, Kissinger o Teresa de Calcuta no son especialmente prestigiosos.
El último galardonado, Al gore, no mejora precisamente el panorama.
Su aspecto de vendedor de coches usados de éxito, seductor y embaucador, apenas consigue disimular el hecho de que no es más que otra punta del iceberg, otro avatar del mismo lobby que controla el mundo convirtiéndolo en lo que es.

Si antes lo digo...
Sería fácil hacer astillas del árbol caído, pero mejor que cada cual se busque su propia leña...
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