Vamos con el tercer as del póker, que es un individuo iletrado e inculto, de competencia lingüística deplorable, cargado de muletillas y de asombro hasta tal punto que apenas sale del mismo.
Su pasmo permanente confiere a su expresión y a su verbo, pese a la edad, los resabios de algún compañero que todos tuvimos y cuyo nombre invariablemente era Vicente.
Mientras habla de supersticiones y cuentos de viejas con su compañera fingiendo ambos no conocerse bíblicamente, les acompañan presuntas autoridades ostentando sin complejos su capacitación científica.
Sus programas en la radio y en la televisión y las colecciones que patrocina aún le dejan tiempo para escribir, o eso dice. Pero debe hacerlo en un estado alterado de conciencia o poseído por algún espíritu de fábula, porque su desempeño en pretendido directo y ausencia de guión se despeña con estrépito.
Como buena gracia y con mayor fundamento también nos hace añorar a los muertos.

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