El manuscrito Voynich fue redactado hace cuatrocientos años por un autor anónimo en un alfabeto desconocido y una lengua enigmática (no, no era francés). Su redescubrimiento se lo debemos al archivero Wilfrid Michael Voynich, que en 1912 se lo compró en secreto a los jesuitas italianos, que necesitaban dinero. Desde entonces, legiones de lingüistas, criptógrafos, matemáticos, medievalistas y expertos en literatura intentan desentrañar un texto al lado del cual resultan inteligibles incluso las obras de Niklas Luhmann.
Enciclopedia de la Ignorancia, 2008

Fina ironía
Es interesante resaltar que los autores son teutones, por lo que han podido disfrutar de las obras de Luhmann en versión original, sin anestesia.