Formo parte de un grupo de investigación que intenta desarrollar un proyecto comparando algunas formas de psicoterapia. Por eso, la coordinadora del proyecto solicitó, en la debida forma y plazo, una financiación al FIS (Fondo de Investigación Sanitaria). Recientemente hemos recibido una cordial denegación de ayuda.
Particularmente, no puedo evitar expresar mi agradecimiento y reconocer públicamente los desvelos de los audaces responsables de la valoración de nuestro proyecto, que, en su modestia, prefieren permanecer en el anonimato para evitar, sin duda, los agasajos que tan justamente merecen. Y es que, pudiendo simplemente denegar nuestra solicitud con seca sobriedad, nos hacen la deferencia de explicarnos qué es lo que hemos hecho mal y nos señala el puesto que debemos ocupar y del que nunca debimos habernos movido.
El nivel de comprensión del proyecto que presentamos y la profundidad de los conocimientos de la metodología de análisis cualitativo ha permitido al equipo evaluador desarrollar mentalmente la investigación y extraer sus exiguos resultados sin necesidad de que un equipo investigador de bajo nivel pierda su miserable tiempo, con el consiguiente ahorro presupuestario.
Por otra parte el buen estilo y entrecortado gracejo con que un órgano de la administración se dirige a los administrados es siempre tan conmovedor como entrañable.
Reprochando nuestra osadía al atrevernos a solicitar financiación se remarca, por ejemplo, que nuestro "equipo compuesto por psicólogos" es además inculto, porque ignora la "terapia interpersonal". Una fina intuición, porque tuve que buscar en google “psicología interpersonal” para que me remitiese directamente al muy respetable "rincón del vago". La consideración del psicodrama, en su lugar, es una evidente muestra de nuestra ignorancia, junto con la de la "Xarxa de Salut Mental i Adiccions de la Generalitat de Catalunya", que la ha aprobado como "psicoterapia basada en la evidencia científica", la muy periférica.
Pero la más entrañable de las lecciones es la prodigalidad diagnóstica: ahora ya sabemos que contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar, elegantemente sazonada con la gracia del faltar.
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