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Asociación Libre de Ciudadanos por la Democracia

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Republicanismo democrático

Sáb, 16/08/2008 - 12:12

“El republicanismo democrático, que está presente, entre otros, en Paine, Jefferson, Robespierre y Marx, partiendo del concepto de la libertad como ausencia de dominación, se basa claramente en la independencia material o económica como criterio de ciudadanía plena. Desde este punto de vista, la republica es una comunidad de ciudadanos libres con capacidad económica suficiente para no estar sometidos o condicionados por la voluntad arbitraria de otros en el ejercicio de los derechos constitucionalmente reconocidos, es decir, ciudadanos que se autogobiernan tanto en su vida privada como en la pública. Hoy, cuando hablamos de republicanismo nos referimos no sólo a la opción por la forma de gobierno republicana frente a la monárquica como garantía de una democracia plena, sino también a una visión de la sociedad y del Estado en la que se excluye todo tipo de dominación ya sea política, social, económica, religiosa, cultural o de género. El concepto republicano de libertad es hoy un concepto activo, ligado a la igualdad y a la fraternidad.”

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El republicanismo vuelve a estar de actualidad. Y no sólo por el setenta y cinco aniversario de la proclamación de la II República que este año se conmemora. El republicanismo es hoy el lenguaje político común sobre el que las distintas izquierdas pueden articular una alternativa conjunta y coherente al neoliberalismo, ya que constituye la apuesta más segura por la regeneración democrática.

El discurso republicano se basa en una serie de propuestas, en las que coinciden todas las izquierdas, tanto las tradicionales como las alternativas, que pueden resumirse en el fomento de una ciudadanía comprometida y responsable, la democracia radical o participativa frente a la democracia liberal meramente delegativa, la desconcentración del poder, la rendición de cuentas por los representantes políticos, la defensa de los servicios públicos, de los derechos sociales y del medio ambiente frente al libre mercado, el laicismo como afirmación de la supremacía del poder civil democráticamente elegido frente a las interferencias de los poderes privados religiosos y  económicos y la instrucción pública entendida como  formación integral de la ciudadanía.

Pero, además, como han puesto de manifiesto Andrés de Francisco, Daniel Raventós o Antoni Doménech, el republicanismo democrático, que está presente, entre otros, en Paine, Jefferson, Robespierre y Marx, partiendo del concepto de la libertad como ausencia de dominación, se basa claramente en la independencia material o económica como criterio de ciudadanía plena. Desde este punto de vista, la republica es una comunidad de ciudadanos libres con capacidad económica suficiente para no estar sometidos o condicionados por la voluntad arbitraria de otros en el ejercicio de los derechos constitucionalmente reconocidos, es decir, ciudadanos que se autogobiernan tanto en su vida privada como en la pública.

Hoy, cuando hablamos de republicanismo nos referimos no sólo a la opción por la forma de gobierno republicana frente a la monárquica como garantía de una democracia plena, sino también a una visión de la sociedad y del Estado en la que se excluye todo tipo de dominación ya sea política, social, económica, religiosa, cultural o de género.

El concepto republicano de libertad es hoy un concepto activo, ligado a la igualdad y a la fraternidad. Ese ideal republicano de libertad no se limita a los derechos formales, sino que se basa en la creación de mecanismos institucionales que doten de seguridad material y económica a todos los ciudadanos, evitando que queden excluidos de la ciudadanía plena los que carecen de recursos. Sin independencia económica las posibilidades de disfrutar de la libertad de cualquier ciudadano se ven ciertamente limitadas.

Y por eso, la Renta Básica de Ciudadanía, con unos rasgos formales de laicidad, incondicionalidad y universalidad equiparables a los del sufragio universal, es una propuesta republicana, porque universalizaría un nivel razonable de independencia económica de todos los ciudadanos y aumentaría su libertad para vivir su vida con dignidad y respeto, especialmente para los sectores más vulnerables.

Sería un instrumento que facilitaría salir de la pobreza a buena parte de quienes están inmersos en ella, permitiría a los trabajadores asalariados ganar en poder de negociación frente a los empresarios o, al menos, en libertad de elección a la hora de poder rehusar un trabajo en condiciones precarias y facultaría a muchas mujeres, al gozar de cierta independencia económica, poner fin a situaciones de convivencia no deseada. Asimismo constituiría un reconocimiento de las otras formas de trabajo socialmente productivas distintas del trabajo asalariado, como el trabajo voluntario o de cuidado de otros.

Por otra parte, en los llamados Estados del bienestar el reconocimiento formal de la igualdad de derechos no ha comportado la igualdad real de las condiciones de vida de los ciudadanos. Los actuales sistemas de protección social y las políticas asistenciales no han acabado con la pobreza, la exclusión social y los espacios de dominación privados: la dominación económica, la dominación cultural o la dominación de género.

Asimismo, los subsidios de cobertura de mínimos a los más necesitados han generado una importante espiral de dependencia  en muchas personas, que no les permite desarrollar, ni muchas veces siquiera plantearse, sus respectivos planes de vida, han originado la estigmatización de quien tiene que demostrar su incapacidad para obtener recursos a fin de acceder a un determinado subsidio y han fomentado las llamadas trampas del paro y la pobreza.

La Renta Básica, por sí sola, no basta para transformar las esa realidad y las desigualdades que el sistema capitalista conlleva. Pero, indudablemente, su implantación racionalizaría, objetivaría y mejoraría el sistema de protección social y sería compatible con el actual sistema de pensiones públicas contributivas y con la defensa de la universalidad e incondicionalidad de las prestaciones sociales, sanitarias, educativas y culturales públicas.

En definitiva, la Renta Básica supondría una garantía de la efectividad de la igualdad y la libertad republicanas y su extensión a todos y a todas, que eso y no otra cosa, es la fraternidad republicana. 

Asimismo pocas medidas podrían contribuir más a fomentar la  participación en los asuntos públicos que la existencia de un ingreso de ciudadanía, que asegurase un mínimo de existencia social, es decir de incorporación material a la comunidad política con independencia de cualquier otra consideración.

Para conseguir una democracia republicana deliberativa, en la que los ciudadanos se impliquen responsablemente en los asuntos públicos en condiciones de igualdad, es imprescindible garantizar primero la suficiencia económica que asegure la autonomía y la independencia frente a cualquier tipo de interferencia arbitraria y, después, establecer los instrumentos políticos que posibiliten el control y la intervención directa de los administrados en las decisiones políticas.

Únicamente desde estas bases será posible construir la República de ciudadanos, “trabajadores de toda clase”, que los constituyentes de 1931 propugnaban.

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JOSÉ MIGUEL SEBASTIÁN. Reivindicación republicana de la Renta Básica. Madrid, abril de 1996. Publicado en Mundo Libre Digital.

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¿Por qué todos los gobiernos destruyen la libertad y los derechos humanos?

Sáb, 16/08/2008 - 11:39

“¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes. Creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios”. 

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No, amigo mío, la forma de tener un gobierno bueno y seguro no es confiárselo todo a uno, sino dividirlo entre todos, atribuyendo a cada uno exactamente las funciones para las que es competente.

EL VERDADERO SISTEMA DE EQUILIBRIO Y CONTROL DEL GOBIERNO

Confíese al gobierno nacional la defensa de la nación, y sus relaciones exteriores y federales; a los gobiernos de los Estados los derechos civiles, las leyes, la policía y la administración de lo que en general concierne al Estado; a los condados los asuntos locales de los condados, y que cada distrito municipal gobierne sus intereses en sus propios límites.

Todo irá mejor dividiendo y subdividiendo estas repúblicas, desde la gran república nacional hasta sus últimas subordinadas, culminando en la propia administración de las tierras de cada uno y sometiendo a cada uno lo que pueda supervisar con sus propios ojos.

¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes en su órgano, ya fuera el de los autócratas de Rusia o los de Francia o el de los aristócratas de un senado veneciano.

Y creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios.

Las repúblicas elementales de los distritos municipales, las repúblicas de los condados, las repúblicas de los Estados y la república de la Unión constituirían una graduación de autoridades, sustentada cada una en una ley como fundamento, poseedora cada una de su porción delegada de poderes, que constituiría a su vez un verdadero sistema de equilibrio y control del gobierno. (more…)

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La representación injertada en la democracia

Vie, 15/08/2008 - 20:15

“Si se mantiene, pues, la democracia como base, y se rechazan los sistemas corruptos de la monarquía y la aristocracia, se presenta naturalmente el sistema representativo. La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar y confederar todos los diversos intereses y todas las extensiones de territorio y de población. El sistema representativo difunde tal cantidad de conocimientos por toda la nación, acerca del tema del gobierno, que destruye la ignorancia e impide el engaño. Las artimañas cortesanas son inútiles en ese terreno. Las naciones no pueden tener secretos, y lo que las cortes, igual que los individuos, guardan en secreto son siempre sus defectos. En el sistema representativo, debe aparecer públicamente el motivo de todo. Cada hombre es propietario del gobierno, y considera que es parte necesaria de sus asuntos comprenderlo. Se refiere a su interés, porque afecta a su propiedad. Examina el costo y lo compara con las ventajas, y por encima de todo no adopta la costumbre servil de seguir a los que en otros gobiernos se llaman DIRIGENTES.”

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Si se remite uno a la democracia original, se obtienen los verdaderos datos de los cuales puede comenzar el gobierno en gran escala. Es incapaz de extensión, no por su principio, sino por lo inconveniente de su forma, y la monarquía y la aristocracia los son por su incapacidad. Si se mantiene, pues, la democracia como base, y se rechazan los sistemas corruptos de la monarquía y la aristocracia, se presenta naturalmente el sistema representativo, que remedia a la vez los defectos de la democracia simple en cuanto a la forma y la incapacidad de los otros dos en cuanto al conocimiento.

LA DEMOCRACIA SIMPLE ERA LA SOCIEDAD QUE SE GOBERNABA A SÍ MISMA; CON REPRESENTACIÓN, ATENAS HUBIERA SUPERADO SU PROPIA DEMOCRACIA

La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar y confederar todos los diversos intereses y todas las extensiones de territorio y de población, y ello además con ventajas tan superiores al gobierno hereditario como tiene la república de las letras con respecto a la literatura hereditaria.

En este sistema se funda el gobierno americano. Es la representación injertada en la democracia. Ha fijado la forma mediante una escala paralela en todos los casos a la extensión del principio. Lo que en Atenas había en miniatura, en América existía en grandes dimensiones. La una fue la maravilla del mundo antiguo; la otra se está convirtiendo en la admiración y el modelo del actual. Es la forma de gobierno más fácil de comprender de todas, y la más deseable en la práctica, y excluye al mismo tiempo la ignorancia y la inseguridad del modo hereditario y los inconvenientes de la democracia simple.

Es imposible concebir un sistema de gobierno capaz de actuar sobre tal extensión de territorio, y sobre tal círculo de intereses, como el que produce inmediatamente el funcionamiento de la representación. Francia, pese a lo grande y populosa que es, no es sino una mota en la capacidad del sistema. Este es preferible a la democracia simple incluso en los territorios pequeños. De haber tenido Atenas representación, habría superado su propia democracia.

Lo que se llama gobierno o, mejor dicho, lo que deberíamos concebir que es el gobierno, no es sino un centro común en el que se unen todas las partes de la sociedad. Esto no se puede lograr por ningún otro método que sea tan conducente a los diversos intereses de la comunidad como es posible mediante el sistema representativo. Concentra los conocimientos necesarios para los intereses de las partes y del todo. Sitúa al gobierno en un estado de constante madurez. Como ya se ha observado, nunca es joven y nunca es viejo. No está sometido a la puerilidad ni a la senilidad. Nunca está en la cuna ni anda con  muletas. No admite una separación entre conocimiento y poder, y es superior, como siempre debería ser el gobierno, a todos los accidentes del hombre individual, y, por ende, es superior a eso que se llama monarquía. (more…)

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Esclarecer hombres libres

Mié, 13/08/2008 - 16:21

“Esclarecer hombres libres es despertar su coraje, es impedir que este coraje se convierta en escollo para su libertad. Y aunque yo no hubiera hecho otra cosa que desvelar las trampas, que refutar tantas falsas ideas y tan malos principios, que detener los arrebatos de un entusiasmo peligroso, yo habría hecho avanzar el espíritu público y servido a la patria. El verdadero medio de dar testimonio de respeto por el pueblo no es adormecerlo, alabando su fuerza y su libertad, sino defenderlo, inmunizarlo contra sus propios defectos. Porque incluso el pueblo tiene defectos. Nadie nos ha dado una más justa idea del pueblo que Rousseau, porque nadie lo ha amado tanto. “El pueblo quiere siempre el bien, pero no siempre lo ve”. El pueblo quiere el bien porque el bien público es su interés, porque las buenas leyes son su salvaguardia: sus mandatarios no lo quieren siempre, porque ellos quieren volver la autoridad que él les ha dado en provecho de su orgullo.”

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Decís que yo desanimo a la nación. Por el contrario, yo la esclarezco. Esclarecer hombres libres es despertar su coraje, es impedir que este coraje se convierta en escollo para su libertad. Y aunque yo no hubiera hecho otra cosa que desvelar las trampas, que refutar tantas falsas ideas y tan malos principios, que detener los arrebatos de un entusiasmo peligroso, yo habría hecho avanzar el espíritu público y servido a la patria.

NUESTRA PASIÓN DOMINANTE: HE AHÍ EL SECRETO DEL CORAZÓN HUMANO

También habéis dicho que yo había ultrajado  a los franceses dudando de su coraje y de su amor a la libertad. No, no es del valor de  los franceses de lo que desconfío. Lo que temo es la perfidia. Si la tiranía los ataca abiertamente, ellos son invencibles. Pero el coraje es inútil contra la intriga.

Habéis dicho que os ha sorprendido oír a un defensor del pueblo calumniar y despreciar al pueblo. Ciertamente no me esperaba semejante reproche. En primer lugar sabed que no soy un defensor del pueblo; jamás he pretendido ese título fastuoso. Soy del pueblo, nunca he sido otra cosa y no quiero ser otra cosa. Desprecio a cualquiera que pretenda ser algo más.

Si hay que decir más, confesaré que no he comprendido jamás por qué se dan nombres pomposos a la fidelidad constante de aquellos que no han traicionado su causa. ¿Es un medio de proporcionar una excusa a aquellos que la abandonan, presentando la conducta contraria como un esfuerzo de heroísmo y de virtud? No, no es nada de eso; no es más que el resultado natural del carácter de todo hombre que no se haya degradado.

El amor a la justicia, a la humanidad, a la libertad es una pasión como otra. Cuando domina, se le sacrifica todo; cuando se ha abierto el alma a pasiones de otra especie, como la de sed de honores o de oro, se le inmola todo, la gloria, la humanidad, el pueblo y la patria. Ahí está el secreto del corazón humano. Ahí está la diferencia entre el crimen y la probidad, entre los tiranos y los benefactores del país. (more…)

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Nuestro Marx o la clara honradez de las ideas

Lun, 11/08/2008 - 15:05

“Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Carlos Marx es para nosotros maestro de vida espiritual y moral, no pastor con báculo. Es estimulador de las perezas mentales, es el que despierta las buenas energías dormidas que hay que despertar para la buena batalla. Es un ejemplo de trabajo intenso y tenaz para conseguir la clara honradez de las ideas, la sólida cultura necesaria para no hablar vacuamente de abstracciones. Es bloque monolítico de humanidad que sabe y piensa, que construye silogismos de hierro que aferran la realidad en su esencia y la dominan, que penetran en los cerebros, disuelven las sedimentaciones del prejuicio y la idea fija y robustecen el carácter moral. Carlos Marx no es para nosotros ni el infante que gime en la cuna ni el barbudo terror de los sacristanes. Es una parte necesaria e integrante de nuestro espíritu, que no sería lo que es si Marx no hubiera vivido, pensado, arrancado chispas de luz con el choque de sus pasiones y de sus ideas, de sus miserias y de sus ideales.”

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¿Somos marxistas? ¿Existen marxistas? Tú sola, estupidez, eres eterna. Esa cuestión resucitará probablemente estos días, con ocasión del centenario, y consumirá ríos de tinta y de estulticia. La vana cháchara y el bizantinismo son herencia inmarcesible de los hombres.

MARX NO HA ESCRITO UN CREDILLO NI ES UN MESÍAS QUE HUBIERA DEJADO UNA RISTRA DE PARÁBOLAS CARGADAS DE IMPERATIVOS CATEGÓRICOS

Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Por tanto, la discriminación entre marxistas y no marxistas tendría que consistir en el deber de la organización y la propaganda, en el deber de organizarse y asociarse. Demasiado y demasiado poco: ¿quién no sería marxista?

Y, sin embargo, así son las cosas: todos son un poco marxistas sin saberlo. Marx ha sido grande y su acción ha sido fecunda no porque haya inventado a partir de la nada, no por haber engendrado con su fantasía una original visión de la historia, sino porque con él lo fragmentario, lo irrealizado, lo inmaduro, se ha hecho madurez, sistema, consciencia. Su consciencia personal puede convertirse en la de todos, y es ya la de muchos; por eso Marx no es sólo un científico, sino también un hombre de acción; es grande y fecundo en la acción igual que en el pensamiento, y sus libros han transformado el mundo así como han transformado el pensamiento.

Marx significa la entrada de la inteligencia en la historia de la humanidad, significa el reino de la consciencia.

Su obra cae precisamente en el mismo período en que se desarrolla la gran batalla entre Thomas Carlyle y Heriberto Spencer acerca de la función del hombre en la historia.

Carlyle: el héroe, la gran individualidad, mística síntesis de una comunión espiritual, que conduce los destinos de la humanidad hacia orillas desconocidas, evanescentes en el quimérico país de la perfección y de la santidad.

Spencer: la naturaleza, la evolución, abstracción mecánica e inanimada. El hombre: átomo de un organismo natural que obedece a una ley abstracta como tal, pero que se hace concreta históricamente en los individuos: la utilidad inmediata.

Marx se sitúa en la historia con el sólido aplomo de un gigante: no es un místico ni un metafísico positivista; es un historiador, un intérprete de los documentos del pasado, pero de todos los documentos, no sólo de una parte de ellos. (more…)

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Un nuevo comienzo creativo o una reforma a fondo

Mar, 15/07/2008 - 11:46

“Lo que se ha echado a perder por culpa humana, puede también subsanarse mediante el trabajo humano. Un hombre se ve enfrentado a algo echado a perder debido a negligencias cometidas en épocas anteriores. No posee la energía necesaria como para remediarlo solo, pero encuentra ayudantes capaces, con cuyo apoyo, si bien no podrá lograrse un nuevo comienzo en un sentido creativo, por lo menos se llevará a cabo una reforma a fondo, cosa que también es digna de elogio. No todos los hombres están obligados a mezclarse en los asuntos mundanales. Existen también quienes ya han evolucionado interiormente a tal punto que tienen el derecho a dejar que el mundo siga su curso, sin inmiscuirse en la vida política como reformadores. Mas con ello no quiere decirse que han de asumir una actitud pasiva, inactiva o meramente crítica. Tan solo el trabajo dedicado a las metas más altas de la humanidad, que uno ejecuta sobre su propia persona, da una justificación para semejante estado de retiro. Pues aun cuando el sabio se mantiene apartado del cotidiano trajín, va creando incomparables valores para la humanidad del porvenir.”

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LA INDIFERENCIA Y LA INERCIA, QUE HAN CONDUCIDO AL ESTADO DE CORRUPCIÓN, DEBEN SER REEMPLAZADAS POR LA DECISIÓN Y LA ENERGÍA, A FIN DE QUE SUCEDA UN NUEVO COMIENZO

El Trabajo en lo Echado a Perder tiene elevado éxito.
Es propicio atravesar las grandes aguas.

Lo que se ha echado a perder por culpa humana, puede también subsanarse mediante el trabajo humano. No se trata de un sino inexorable, sino de una consecuencia del abuso de la libertad humana, lo cual ha conducido al estado de putrefacción. Por lo tanto, el trabajo destinado al mejoramiento tiene buenas perspectivas, puesto que se realiza en concordancia con las posibilidades del tiempo. Pero es necesario que uno no se arredre ante el trabajo y el peligro; es necesario tomar cartas enérgicamente. No obstante, es condición previa del éxito una adecuada reflexión.

En primer término, deben conocerse las causas que han conducido a la corrupción, antes de que ésta pueda subsanarse. Luego hay que preocuparse de que todo se encarrile bien por la nueva vía, para evitar una recaída. La indiferencia y la inercia que han conducido al estado de corrupción deben ser reemplazadas por la decisión y la energía, a fin de que un nuevo comienzo pueda suceder a la terminación de tal estado.

EL HOMBRE NOBLE DEBE SACUDIR A LA OPINIÓN PÚBLICA Y FORTALECER LUEGO EL CARÁCTER DE LA GENTE, TRANQUILIZÁNDOLO

Abajo, al borde de la montaña, sopla viento: la imagen del echarse a perder.
Así el noble sacude a las gentes y fortalece su espíritu.

Al soplar el viento en lo bajo, al borde de la montaña, se ve rechazado y echa a perder las plantas. Esto contiene una exhortación al enmendamiento. Lo mismo ocurre también con las disposiciones de ánimo inferiores, y con las modas: introducen corrupción en la sociedad humana.  Para eliminarla, el noble ha de renovar la sociedad. El noble ha de eliminar el estancamiento sacudiendo a la opinión pública (tal como el viento sacude con su acción) y fortalecer luego el carácter de la gente, tranquilizándolo (como es el caso de la montaña que brinda tranquilidad y alimento a todo lo que crece a su alrededor).

Rectificar lo echado a perder por el padre.
Cuando hay un hijo,
no afecta falta alguna al padre difunto que retornó a su origen.
Peligro. Finalmente ventura.

Una rígida, inmóvil adhesión a lo tradicional tuvo por consecuencia esta corrupción. Pero el proceso de echarse a perder no se ve profundamente arraigado, y por eso todavía resulta fácil remediarlo. Es como si un hijo restableciera el equeilibrio en ese proceso de echarse a perder que subrepticiamente se ha introducio bajo el gobierno paterno. En este caso, ninguna mácula seguirá afectando la memoria del padre. Pero es menester no pasar por alto el peligro y no tomarse la cosa demasiado a la ligera. Únicamente si uno cobra conciencia del peligro que implica toda reforma, todo irá bien finalmente. (more…)

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Una revolución de mentes y corazones

Lun, 14/07/2008 - 16:43

“Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos. Y por tanto me opongo también al fundamentalismo y dogmatismo de mercado, por lo que me merezco entre los “amargados” el sambenito de izquierdista. La ley del beneficio no garantiza nada coherente por sí mismo. O bien consigo convencer a la ciudadanía de que mi opinión minoritaria tiene sentido y me gano su confianza, o bien seguiré mis propios criterios y no me ofenderé. Aún podría formular mi “credo” de una manera distinta: creo que el orden moral es superior al orden legal, político y económico, y que estos órdenes deberían surgir de aquél y no buscar tretas para ver cómo pueden prescindir de su imperativo. Y que este orden moral tiene su anclaje metafísico en lo infinito y la eternidad. Aún hoy creo y sigo creyendo de forma aún más apremiante que hace falta una revolución de mentes y corazones, una especie de despertar general del ser humano y la salida del declive de una civilización autodestructiva”. 

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-Ya hemos hablado de los llamados políticos apolíticos. El primero en usar el término, que yo sepa, fue el presidente Masaryk, quien en su etapa se refería a los diversos tipos de iniciativas cívicas o públicas en beneficio del prójimo. Ya ha explicado usted muchas veces en qué circunstancias y cuándo usó esta expresión. Sin embargo, aún se le reprocha su “política apolítica”. Evidentemente, con eso se entiende una especie de ensoñación irrealizable, la invención de algo nuevo, poca confianza en los partidos políticos y los procedimientos corrientes, una especie de moralización y quién sabe qué más. ¿Podría resumir en unas cuantas frases su credo político?

La cuestión es a qué se refieren todos esos procedimientos corrientes. Tengo la desagradable sensación de que en el fondo se trata de una ideologización de la mediocridad, de lo prosaico, de la banalidad. Es como si el ideal del comportamiento corriente fuera la adaptación a lo establecido, sea cual sea, porque el hecho de que la mayoría tienda a aceptarlo significa que es bueno en sí mismo. Al mismo tiempo, se trata de un rechazo al pensamiento independiente y sobre todo a la voluntad de sacrificar algo por unos ideales o arriesgar lo que sea.

El comportamiento mayoritario durante la “normalización” de los años setenta y ochenta, es decir, cuando la gente fingía que estaba de acuerdo con el sistema a cambio de poder disfrutar de su pequeña felicidad doméstica, se convierte aquí en ideal, y todo lo que se desvíe de esta fórmula es objeto de burla. De ahí que se rechazara a los disidentes. Ellos no se comportaban como la mayoría, estaban dispuestos a decir en voz alta la verdad y de ese modo mantener la continuidad del pensamiento libre, sin especular con el éxito sino arriesgándose al sacrifico y la pérdida. ¡Y esta desviación respecto del comportamiento normal no se perdona!

Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos. Y por tanto me opongo también al fundamentalismo y dogmatismo de mercado, por lo que me merezco entre los “amargados” el sambenito de izquierdista. La ley del beneficio no garantiza nada coherente por sí mismo. Y si digo todo esto es porque el dogmatismo de mercado es parte de la ideología de lo estándar de la que hablábamos.

Pero yo no sé por qué debería, en virtud de una imposición superior, escoger a una mujer corriente, un piso corriente, acumular dinero y artículos de forma corriente y pensar de manera corriente. Y no sé por qué como político debería estar obligado a enarbolar la bandera de lo corriente. O bien consigo convencer a la ciudadanía de que mi opinión minoritaria tiene sentido y me gano su confianza, o bien seguiré mis propios criterios y no me ofenderé. (more…)

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Republicanismo democrático o universalizar la libertad

Dom, 01/06/2008 - 11:22

“Robespierre, uno de los más odiados políticos de todas las derechas habidas, cosa comprensible, y de los más olvidados de casi todas las izquierdas, cosa mucho menos justificable, decía: “La primera ley social es, pues, la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir”. Porque sin esos medios de existencia, no hay esperanza alguna de libertad real para esa muchedumbre de trabajadores sin propiedad, no hay esperanza alguna de democracia. Las libertades liberales sirven de poco a los millones de excluidos de esta sociedad del éxito, a los que buscan empleo sin encontrarlo, a los que se humillan por mantenerlo, a los no llegan a fin de mes o a los que –cada vez más- malviven (o mueren) en condiciones infrahumanas. Los derechos formales, desconectados de los recursos materiales, de las condiciones reales de existencia social, no garantizan la libertad de los muchos. Y el programa del minoritario republicanismo democrático se resume en lo siguiente: universalizar la libertad. Pero la libertad como no dominación, en la sociedad y en el Estado”.

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Desde sus orígenes atenienses, la tradición histórica de la izquierda ha entendido por democracia el gobierno de los pobres, en el bien entendido que el pensamiento político antiguo consideraba “pobres” no a nuestros “sin techo”, a nuestros “pobres de solemnidad” que viven de la limosna ajena y la cristiana caridad, sino a los que no tienen propiedad o si la tienen es escasa, es decir, al trabajador asalariado, al que tiene que trabajar para vivir (precisamente porque carece de rentas de propiedad).

Esos “pobres”, en el mundo antiguo pero, más aún, en nuestro mundo actual, son mayoría y, precisamente por eso, por democracia siempre se ha entendido el gobierno de la mayoría. Esta afirmación no tolera la permuta de los factores. Puesto que los pobres son mayoría, la democracia es el gobierno de esta mayoría, pero si los pobres fueran minoría, la democracia seguiría siendo el gobierno de los pobres y, en ese caso, de la minoría.

LA DISTRIBUCIÓN DE LA PROPIEDAD ES EL CRITERIO QUE DEFINE LA NATURALEZA DEL RÉGIMEN POLÍTICO

Esta era la visión (desgraciadamente a veces olvidada) del gran Aristóteles en la obra maestra que es la Política: “Lo que diferencia la democracia y la oligarquía entre sí es la pobreza y la riqueza. Y necesariamente, cuando ejercen el poder en virtud de la riqueza, ya sean pocos o muchos, es una oligarquía, y cuando lo ejercen los pobres, es una democracia.” La distribución de la propiedad es pues el criterio que decide la naturaleza del régimen político. E insistimos: por democracia debe entenderse –y así se ha entendido hasta muy bien entrado el siglo XX- el gobierno de los excluidos de la propiedad, de la riqueza social productiva, de los medios de producción.

Democracia, pues, fue aquel régimen político que emancipó a las clases subalternas de la sociedad, a las clases trabajadoras, tradicionalmente excluidas por las oligarquías del gobierno de la cosa pública y aun de la misma sociedad civil. La tradición de izquierda, y el marxismo genuino no es excepción, engancha precisamente con esa tradición emancipadora: cuando Marx acuña el concepto de “dictadura del proletariado” no está pensando más que en un régimen de autodeterminación política de las clases trabajadoras. Que eso se terminara convirtiendo en la dictadura, primero de un partido único, y luego de un solo hombre, es ya la historia de la traición a una idea y a una praxis política. (more…)

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Una oligarquía o monarquía constituye una traición al pueblo y a la humanidad

Jue, 22/05/2008 - 19:15

“Las necesidades que disuelven un gobierno no transfieren su autoridad a una oligarquía o monarquía. Al contrario, devuelven al pueblo los poderes por él delegados, dejando que sus individuos decidan por sí mismos. Puede ofrecérseles un líder, pero no es admisible que él se imponga o que se lo impongan al pueblo. ¿Acaso era nuestro Estado el único carente de virtud, hasta el extremo de que el miedo se adueñara de los corazones de los ciudadanos para convertirse en el motivo principal de sus desvelos y el principio de su gobierno? Este simple pensamiento constituye traición al pueblo, traición a la humanidad en general, pues fortalece para siempre las cadenas que inclinan sus cabezas, proporcionando a sus opresores una prueba -que habrían pregonado por todo el universo- de la imbecilidad del gobierno republicano”.

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Al enumerar los defectos de la Constitución sería erróneo incluir allí lo que sólo es error de personas específicas. Siendo angustiosas nuestras circunstancias entonces, en diciembre de 1776 se propuso en la cámara de delegados crear un dictador, provisto con todos los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales, civiles y militares, con derecho de vida y muerte sobre nuestras personas y propiedades. Y en junio de 1781, nuevamente afligidos por la calamidad, se repitió la misma proposición, faltando sólo unos pocos votos para que fuese aprobada.

QUIEN LUCHE POR PURO AMOR A LA LIBERTAD, SE SENTIRÁ CONSTERNADO ANTE LA TRAICIÓN DE LOS OLIGARCAS

Quien haya entrado en esta lucha por un puro amor a la libertad y una sensibilidad ante derechos conculcados, decidiendo hacer cualquier sacrificio y exponerse a cualquier peligro para lograr el restablecimiento de tales derechos sobre una base firme, sin querer gastar su sangre y substancia en el torcido propósito de cambiar esta materia por otra, sino poner el gobierno en una pluralidad de manos elegidas por su propia decisión, de manera que nunca la voluntad corrupta de un hombre pueda en el futuro oprimirle, se sentirá consternado al saber que una parte considerable de esa pluralidad ha mediado en la rendición de todos los derechos a uno solo, entregándole al poder de una monarquía despótica como alternativa al de una monarquía limitada. ¡Hasta qué punto hemos de considerar abusados y traicionados sus esfuerzos si sigue siendo posible que por una sola votación se vea postrado a los pies de un hombre!

En nombre de Dios, ¿de dónde pretenden heredar esta competencia? ¿De nuestras leyes antiguas? Ninguna podrá alegarse a tales fines. ¿Acaso de algún principio expreso o implícito de nuestra nueva Constitución? Todos sus pronunciamientos, expresos o implícitos, se oponen plenamente a ello. Su principio fundamental es que el Estado será gobernado como una república. Proporciona una organización republicana; prohibe bajo el nombre de prerrogativa el ejercicio de cualesquiera competencias no definidas por las leyes, sienta sobre esta base todo nuestro sistema legislativo, y al consolidarlo en conjunto elige que se mantendrán o se hundirán todas juntas, sin prever ni admitir jamás como posible que algunas en especial pudieran ser suspendidas. No, en ningún instante lo acepta. (more…)

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España y la sagrada ley de la mayoría

Mié, 21/05/2008 - 11:39

“En lo que toca a su propia libertad, paz y felicidad, no podemos estar tan seguros. No sabemos si los telones del fanatismo, los grilletes sacerdotales y el brillo deslumbrante del rango y la riqueza darán al sentido común de la masa de su pueblo [España] la oportunidad de optar por el autogobierno. Quizá nuestros deseos sean mayores que nuestras esperanzas. El primer principio del republicanismo es que la lex majoris partis (ley de la mayoría) es la ley fundamental de toda sociedad de individuos de iguales derechos; la más importante de las enseñanzas y sin embargo la última que se aprende a fondo, es que la voluntad de la sociedad enunciada por mayoría de un solo voto es tan sagrada como si fuera unánime. Si se desprecia esta ley no queda sino la de la fuerza, que conduce necesariamente al despotismo militar”.

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La información física que nos habéis dado de un país [España] hasta ahora tan vergonzosamente desconocido ha llegado en el momento más oportuno para guiar nuestro entendimiento en la gran revolución política que ahora la hace ocupar una posición destacada en el escenario mundial. El desenlace de sus forcejeos, por lo que respecta a España, no ofrece ya lugar a dudas.

¿TENDRÁ EL PUEBLO ESPAÑOL SENTIDO COMÚN PARA OPTAR POR EL AUTOGOBIERNO?

En lo que toca a su propia libertad, paz y felicidad, no podemos estar tan seguros. No sabemos si los telones del fanatismo, los grilletes sacerdotales y el brillo deslumbrante del rango y la riqueza darán al sentido común de la masa de su pueblo la oportunidad de optar por el autogobierno. Quizá nuestros deseos sean mayores que nuestras esperanzas.

El primer principio del republicanismo es que la lex majoris partis (ley de la mayoría) es la ley fundamental de toda sociedad de individuos de iguales derechos; la más importante de las enseñanzas y sin embargo la última que se aprende a fondo, es que la voluntad de la sociedad enunciada por mayoría de un solo voto es tan sagrada como si fuera unánime. Si se desprecia esta ley no queda sino la de la fuerza, que conduce necesariamente al despotismo militar.

Esta ha sido la historia de la revolución francesa, y ojalá que el entendimiento de nuestros hermanos del sur llegue a ser lo suficientemente amplio y firme como para comprender que su suerte depende de su sagrada observancia. [Carta al Barón Alexander von Humboldt. Monticello, 13 de junio de 1817]

LA SAGRADA OBSERVANCIA DE LA FUNDAMENTAL LEY DE LA MAYORÍA

Ya conocéis los penosos detalles de París. No estamos informados de los motivos por los que se ha hecho una revolución (la de Napoleón), y aún menos podemos adivinar cuál será su desenlace: si se repetirá la historia de Robespierre, o la de César, o se producirá el novedoso fenómeno de la usurpación del gobierno para liberarlo.

Nuestros ciudadanos, no obstante, deben extraer de ellos algunas lecciones provechosas. Deberían ver en ello la necesidad de arropar firme y estrechamente a su Constitución. De no tolerar jamás que se infrinja uno solo de sus preceptos. De inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría. De precaverse de las fuerzas militares, aunque sean de ciudadanos; de precaverse de otorgar demasiada confianza a ningún hombre.

La confianza del pueblo francés en Bonaparte le ha permitido derribar a puntapiés su Constitución y hacerle depender de su voluntad y de su vida. Nunca he visto un momento tan terrible como éste. También las perspectivas en este Estado, importante como es para nuestra unión, son muy desalentadoras. [Carta al Dr. William Bache, vecino de Jefferson en Virginia. Filadelfia, 2 de febrero de 1800]

THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. Publicado en Filosofía Digital y Mundo Libre Digital.

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